domingo, 18 de abril de 2010

Ignoblement belle

Devant eux, Rome resplendissait, ignoblement belle, avec ses monuments dont les faîtes d'or s'incendiaient, ses échelonnements de portiques en trous bleus dans l'air, l'étalement safrané de ses maisons irradiant, comme des queues de paon, les tuiles vernissées de leurs toits, et une rumeur grosse, une chaleur de four en sortaient, surtout une puanteur de vice, comme si un fleuve de luxure eût coulé en
son milieu. Et c'était, oui ! un bruit de lupanar monstrueux, aux claquettements de sistres et aux chants d'hommes et de femmes se prostituant à tout venant, quelque fangeuse que fût la prostitution ; un colossal halètement de corps recevant tous les baisers, quelque pleins de bestialités que fussent les embrassements. Comme si le ciel eût reflété ce qui se passait dans la Ville Eternelle, des nuages accusaient
des formes assez distinctes pour ressembler à des vulves saignantes de femmes, à des phallus versant de la Vie en liquide épais qui pleuvait sur le Tibre, lequel en avait des bouillonnements ; des cuisses nues, rondes, s'enlaçaient ; des chevelures de femmes se mariaient, noires, à des chevelures d'hommes ; et des seins, des seins blancs et bruns, des ventres larges, des ventres aux rondeurs bondissantes pareilles
à des surfaces d'argent, s'amoncelaient en les infinis. Derrière le Vatican, l'horizon se barrait d'une gigantesque lame qu'on eût dit un glaive à poignée d'or, comme si déjà la moisson de ces formes de chair qui présentaient des viscosités roses et jaunes, vraies plaies gangreneuses, dût se faire par lui, sanglante, pour en couvrir le sol tel que d'un fumier mal vaporant.

Madeh s'immobilisait maintenant à regarder une énorme bouche d'égout qui déversait dans le Tibre des boues noires, des cadavres de chiens et de porcs, des ustensiles et des meubles cassés. Autour, sur la berge, sous la bouche même, un tassement de choses gluantes s'était fait qui, se continuant sous le fleuve et des écumes jaunes y flatuant, nauséabondes, comme des bulles de vomissements, plaquaient des aspects de crapauds collés en une étroite promiscuité, dont les flaccidités goitreuses auraient remué sous des transparences de marécages limoneux. Plus lom, des herbes
poussaient, débridées ; des roseaux malingres se hissaient, des sagittaires s'écornaient, des végétations d'eau empoisonnée pullulaient, groupant des îles verdâtres que le courant parfois soulevait par leurs dessous gélatineux. Et tou-
jours l'impure bouche vomissait, ajoutant à ce tassement, et le fleuve, hormis ce qui se déposait là, emportait tout, sinistre, en sa grande toge jaune qui s'ouvrant sous des coups de brise venus de l'amont, laissait voir des ballonnements de bêtes et d'hommes morts s'enlaçant en d'indicibles et ténébreux rapprochements...

J. Lombard

jueves, 4 de marzo de 2010

Las hormigas manchan



Las hormigas manchan las manos de los que mucho las tocan, y son manchados, ó más bien, se manchan á sí mismos los que incautamente las manosean; pues así como, siendo ellas de condición libre, y no queriendo carecer de su libertad, hieren con su humor agudo á los que las molestan , así también se manchan en las manos los que las quieren hacer cautivas.

En esto se nos enseña que se nos prohibe moralmente todo contacto ilícito para que no aparezcamos manchados, principalmente en el hombre interior ante Dios y los Angeles. «Somos, dice el Apóstol en su epístola segunda á los corintios, capítulo YI y VII, templo de Dios vivo , según aquellas palabras del mismo Dios: Habitaré dentro de ellos y en medio de ellos andaré y j'o seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
Por lo cual salid vosotros de entre las gentes y separaos de ellas, dice el Señor, y no tengáis contacto con la inmundicia, y yo os acogeré y seré yo vuestro padre, y vosotros seréis mis hijos y mis liijas, dice el Señor Dios Todopoderoso.» «Temiendo, pues, carísimos míos, tales promesas, purifiquémosnos de cuanto mancha la carne y el espíritu, perfeccionando nuestra santiñcación con el temor de Dios . » Todas estas palabras son del Apóstol.

Delinquen contra ellas principalmente los lujuriosos, manchando el cuerpo y el espíritu, cuando tocan ilícitamente á las mujeres, ó cuando éstas se palpan á sí mismas, ó dejan que se las manosee desvergonzadamente.

Dice de éstos el Apóstol San Pablo en su segunda epístola canónica, capítulo II: «Mas estos otros que, como brutos animales, nacidos para ser presa del hombre, y para el lazo y la matanza, blasfeman de las cosas que ignoran, perecerán en los vergozosos desórdenes en que están sumergidos, recibiendo la paga de su iniquidad, ya que ponen su felicidad en pasar cada día entre placeres, siéndola misma horru-
ra y suciedad, regoldando deleites, mostrando su disolución en los convites que celebran con vosotros; como que tienen los ojos llenos de adulterio y de un continuo pesar. Ellos atraen con halago las almas inconstantes. »

Aun cuando la hormiga respecto al ingenio y sagacidad sea el más noble de los animales diminutos, sin embargo, si incautamente alguno la toca, por limpio que esté se pone sucio. Así el cuerpo humano, aunque esté exento de pecado actual, se mancha en uno y otro hombre muy fácilmente con el contacto de otro sexo, á la manera que se convierte al instante en lodo la ceniza á quien se aplica un líquido.

Por eso se lee que en otro tiempo prohibió Dios el que se tocasen por el pueblo elegido los reptiles ó animales muy adheridos á la tierra é imponía pena al que lo hiciese: sobre lo cual dice en el capítulo XI del Levítico: « Todo lo que anda arrastrando por la tierra será abominable, y no se tomará para comida. Todo cuadrúpedo que anda sobre el pecho y todo el que tiene muchos pies ó va arrastrando por el suelo, no lo comeréis , porque es abominable. No queráis manchar vuestras almas, ni toquéis tales cosas por no ensuciaros. Puesto que yo soy el Señor Dios vuestro , sed santos vosotros , pues que soy santo. » Advierte aquí la glosa que no se nota toda mancha en los cuerpos muertos, por lo que sigue: «No contaminéis vues-
tras almas con ningún reptil que se mueva sobre tierra. »

lunes, 1 de marzo de 2010

Retrato de la (Perfecta) Ninfómana



“Sepa Ud que la ninfomanía es una excitación morbosa irresistible de los órganos genitales; inclinación al amor físico hasta el delirio, expresada por palabras obsecenas, miradas apasionadas y gestos provocativos, que suelen contrastar muchas veces con la conducta ulterior de las enfermas y a la cual se agrega siempre un desorden mayor o menor de la inteligencia. La Iglesia llamó a estas pacientes endemoniadas y las quiso curar con exorcismos. A eso está expuesta esa joven, a la ninfomanía, porque esta enfermedad aparece en aquellas personas en que existe una predisposición orgánica (…).

A una musculatura muy pronunciada y poco provista de tejido celular se agregan abundancia y color subido del sistema piloso; cabellos y cejas muy espesos y negros, ojos grandes y vivos, del mismo color; fisonomía expresiva y móvil; labios gruesos y de un rojo vivo; dientes blancos y muy pronunciados los atributos sexuales, a saber: buena conformación de las mamas, que son consistentes y de un volumen notable; caderas bien marcadas y contorneadas; pelvis ancha y con prominecias redondeadas; miembros abdominales de igual forma; pero… ¿para qué seguir? Pasemos a los síntomas. La enfermedad no se hace evidente por ningún carácter exterior; pues aunque las enfermas empiezan a tener deseos venéreos exagerados, son todavía bastante dueñas de sí mismas para no dejar traslucir los pensamientos obscenos de que se hallan poseídas. Por el contrario, avergonzadas de experimentar semejantes sensaciones, hacen los mayores esfuerzos para sujetarlos; y aunque el pudor y la razón destruyen a veces por un instante las imágenes voluptuosas que las persiguen, no tardan en hallarse otra vez poseídas de los mismos desvaríos eróticos y entonces son presas de un calor intenso, espasmo, tensión con prurito en los órganos genitales y en las mamas, dolores sordos en los lomos; la enferma no puede estar sentada, porque el calor irrita demasiado los órganos; se ve obligada a andar lentamente, separando las piernas para evitar el más pequeño roce; al mismo tiempo se dejan sentir los deseos más violentos; la imaginación se exalta; los ojos y el rostro se animan; pero en algunos momentos este ardor se ve reemplazado con el abatimento y la tristeza, y el semblante unas veces se sonroja y otras palidece.

La razón, el deber y el pudor luchan con energía contra el desorden de los sentidos; y si las mujeres llegan a disimular casi siempre a todos el fuego que las consume, no pueden, sin embargo, resistir por completo a sus deseos, y buscan en el vicio de nombre bíblico, en el onanismo, un alivio insuficiente y pasajero. Si pueden satisfacer sus necesidades, la enfermedad queda limitada a estos primeros síntomas. Mas si, por el contrario, la causa que preside al desarrollo de la afección continúa obrando con intensidad, la mujer no es dueña de sí misma; se entrega sin resistencia a sus inclinaciones, pues ya no siente esa turbación interior que la causaba al principio la sola idea de sus torpes deseos. Entonces ya no trata de ocultar sus sentimientos; se vale de mil artificios para hacer que la conversación recaiga sobre los placeres de Venus, y si no se refiere a objetos lascivos, la enoja. Parécele la cosa más natural y lícita entregarse a estos goces: así que su porte, sus palabras, sus gestos expresan públicamente las ideas que la asedian; la vista de un hombre exalta los deseos y determina un espasmo voluptuoso en los órganos genitales. La enferma, menospreciando los hábitos más inveterados de la honestidad, los sentimientos religiosos más puros, se entrega al primero que llega, y aun solicita los halagos de otras mujeres; y abandonando a sus padres, a sus hermanos, a su familia, va a buscar muchas veces en la prostitución un remedio y en ella encuentra casi siempre la muerte”...

López Bago

martes, 23 de febrero de 2010

Lelia se abandona



“Lelia se abandona; cruza los brazos sobre la cara, y deja que Arnaldo la desnude. Su corazón late con inusitada violencia, y el contacto de las manos de su amigo en las piernas, le causa un placer desvaneciente y una inquietud dolorosa. El joven no atina con los cordones de los zapatos, con las ligas de las medias; sus manos, entorpecidas pro una crispación extraña y una nerviosidad delirante, no encuentran los broches ni consiguen desatar un nudo; la cabeza le arde, las piernas tiemblan como ateridas, y toda su virilidad, despertada de pronto y por primera vez al contacto de la carne tibia, blanca y perfumada de la joven, incítale a la violencia, a la inmediata posesión de ese cuerpo querido; pero su exquisita sensibilidad de artista y el mismo cariño enfrenan sus deseos carnales, revistiéndolos con toda la poesía romántica que guarda su alma. Desnuda un apierna, sus labios cúbrenla de besos, de besos que parecen mordiscos, de caricias sabias que hacen estremecer violentamente a Lelia. Desprendida ya toda la blusa, después de rodear el blanco cuello con un verdadero collar de besos, Arnaldo, poco a poco, para saborear más, descórrela hacia abajo, dejando descubiertos los juveniles y robustos senos, blancos como dos cisnes, cuyos picos rosados son los pezones erectos: con verdadera curiosidad infantil y admiración artística, queda contemplándolos un momento, luego los acaricia como a dos pichones, esconde su cara entre ellos y preso del delirio voluptuoso, engarza en la nieve de esas carnes cien y mil veces el rubí de sus labios. Lelia, adormecida de placer, con los ojos entornados y la boca sonriente, experimenta sensaciones extrañas en todo el cuerpo; su sexo, a las puertas del espasmo, espera impaciente las caricias definitivas.

Las faldas siguen a la blusa, el viso, las enaguas, los calzones, que dejan al desnudo un vientre venusino, caderas de Diana y muslos que envidiaría Friné. Arnaldo, que por primera vez en su vida contempla formas femeninas desnudas, como verdadero enamorado de lo bello, recoge la camisa hasta el cuello para contemplar a sus anchas la magnífica hermosura de su amada y su vista recorre el cuerpo blanco, deteniéndose en admirar las impecables curvas de las caderas, el modelado de los senos, el trabajo estatuario de las piernas. Lelia, que se da perfecta cuenta de la admiración que ha causado, siente el orgullo de las hembras y saborea interiormente el placer de la dominación por la belleza. Arnaldo, aún no satisfecho, con suavidad aparta los brazos del rostro de su amada para contemplarla en conjunto, y al verla intensamente ruborizada, con la vista baja de vergüenza corre presuroso a apagar la luz para no prolongar por más tiempo las torturas de su amada. (...)

Ella siente la proximidad de Arnaldo, el descorrer de las sábanas, el tibio contacto de una pierna con la suya, de unos brazos que buscan su cuerpo, de unas manos que acarician sus senos. El pierde la serenidad al sentir junto al suyo el cuerpo de Lelia, tibio, palpitante… El perfume extraño, embriagador del sexo, les enloquece, el pudor flaquea, los deseos se hacen insofrenables [sic]. Arnaldo, enloquecido, palpa los muslos, las caderas, el vientre; juguetean sus dedos con el sedoso vello del pubis, su boca afiebrada busca los labios ardientes de Lelia y esta, vencida por su sexo en delirio, entreabre las piernas, ofreciendo la flor de su virginidad”...

Alejandro SUX

domingo, 7 de febrero de 2010

the generation of animals




"The only one among the bipeds that is viviparous is man.
Han is the only animal that repents of his first embraces ; sad
augury, indeed, of life, that its very origin should thus cause
repentance ! Other animals have stated times in the year for
their embraces; but man, as we have already 38 observed, em-
ploys for this purpose all hours both of day and night ; other
animals become sated with venereal pleasures, man hardly
knows any satiety. Messalina, 39 the wife of Claudius Caesar,
thinking this a palm quite worthy of an empress, selected, for
the purpose of deciding the question, one of the most notorious
of the women who followed the profession of a hired prosti-
tute; and the empress outdid her, after continuous intercourse,
night and day, at the twenty-fifth embrace. In the human
race also, the men have devised various substitutes for the more
legitimate exercise of passion, all of which outrage Nature ;
while the females have recourse to abortion. How much more
guilty than the brute beasts are we in this respect ! Hesiod
has stated that men j are more lustful in winter, women in
summer.

Coupling is performed back to back by the elephant, the
camel, the tiger, the lynx, the rhinoceros, the lion, the dasy-
pus, and the rabbit, the genital parts of all which animals lie
far back. Camels even seek desert places, or, at all events,
spots of a retired nature ; and to come upon them on such an
occasion is not unattended with danger. Coupling, with them,
lasts a whole day ; the only animal, indeed, of all those with
solid hoofs, with which such is the case. Among the quad-
rupeds, it is the smell that excites the passions of the male. In
this act, dogs also, seals, and wolves turn back to back, and
remain attached, though greatly against their will. In the
greater part of the animals above mentioned, the females
solicit the males ; in some, however, the males the females.
As to bears, they lie down, like the human race, as previous-
ly 40 mentioned by us ; while hedgehogs embrace standing
upright. In cats, the male stands above, while the female
assumes a crouching posture ; foxes lie on the side, the female
embracing the male. In the case of the cow and the hind,
the female is unable to endure the violence of the male, con-
sequently she keeps in motion during the time of coupling.
The buck goes from one hind to another in turn, and then
comes back to the first. Lizards couple entwined around each
other, like the animals without feet.


All animals, the larger they are in bulk, are proportionably
less prolific : the elephant, the camel, and the horse produce
but one, while the acanthis, a very small bird, produces
twelve. Those animals, also, which are the most prolific, are
the shortest time in breeding. The larger an animal is, the
longer is the time required for its formation in the womb ;
those, also, which are the longest -lived, require the longest
gestation ; the growing age, too, is not suitable for the purposes
of generation. Those animals which have solid hoofs bear but
a single young one, while those which have cloven hoofs bear
two. Those, again, whose feet are divided into toes, have a
still more numerous offspring ; but, while the others bring
forth their young perfect, these last bear them in an unformed
state, such, for instance, as the lioness and the she-bear. The
fox also brings forth its young in an even more imperfect state
than these ; it is a very uncommon thing, however, to find it
whelping. After the birth, these animals warm their young
by licking them, and thereby give them their proper shape ;
they mostly produce four at a birth.

PLINY

domingo, 31 de enero de 2010

LOS CÍRCULOS




Increíbles Extrañ@s:

Estais tod@s invitad@s al lanzamiento de la novela histórico-esotérica y conspiranoica del que suscribe
el día 8 de febrero a las 19h30
en la librería Blanquerna, C/ Alcalá 44 Madrid



Si queréis saber más sobre los entresijos de esta singular obra, que estará en librerías a partir del día 9
podéis echar una ojeada a
www.loscirculoss.blogspot.com
en donde se os mantendrá informad@s de todo tipo de asuntos "circulares"

Gracias por vuestro apoyo y por hacer rular estas informaciones a tod@s l@s Increíbles Extrañ@s que conozcais (e incluso a l@s otr@s!)

Bibliomancy




Bibliomancy, or divination by the Bible, had become so common in the fifth century, that several councils were obliged expressly to forbid it, as injurious to religion, and savoring of idolatry.

This kind of divination was named Sortes Sanctorum, or Sortes Sacrae, Lots of the Saints, or Sacred Lots, and consisted in suddenly opening, or dipping into, the Bible, and regarding the passage that first presented itself to the eye as predicting the future lot of the inquirer. The Sortes Sanctorum had succeeded the Sortes Homericse, and Sortes Virgilianse, of the Pagans ; among whom it was customary to take the work of some famous poet, as Homer or Virgil, and write out different verses on separate scrolls, and afterwards draw one of them, or else, opening the book suddenly, consider the first verse that presented
itself as a prognostication of future events. Even the vagrant fortune-tellers, like some of the gypsies of our own times, adopted this method of imposing upon the credulity of the ignorant. The nations of the East retain the practice to the
present day. The famous usurper. Nadir Shah, twice decided upon besieging cities, by opening at random upon verses of the celebrated poet Ilafiz.

This abuse, which was first introduced into the church about the third century, by the superstition of the people, afterwards gained ground through the ignorance of some of the clergy, who permitted prayers to be read in the churches for this very purpose. It was therefore found necessary to ordain in the Council of Vannes, held A.D. 465, '' That whoever of the clergy or laity should be detected in the practice of this art should be cast out of the communion of the church." In 506, the Council of Agde renewed the decree ; and in 578, the Council of Auxerre, amongst other kinds of divination, forbade the Lots of the Saints, as they were called, adding, '' Let all things be done in the name of the Lord ;" but these ordinances did not effectually suppress them, for we find them again noticed and condemned in a capitulary or edict of Charlemagne, in 793. Indeed, all endeavors to banish them from the Christian church appear to have been in vain for ages...

C. W. Cooke