lunes, 9 de mayo de 2011

Repúblicas Amazonas



“De las mujeres que en las indias viven en repúblicas e son señoras sobre sí, a imitación de las Amazonas; e pónense aquí dos depósitos hasta que en la segunda parte de la General Historia lleguemos a los proprios lugares e provincias donde tales mujeres habitan, e allí se diga más copiosamente lo que en esto hay que escrebir.

Plinos e Escolopytho fueron desterrados de su patria; los cuales, llevando consigo gran moltitud de mancebos, se pasaron a Capadocia, a par del río Termodonte, e tomaron los campos Temiscirios, e allí acostumbraron a robar a los vecinos; mas, después, los pueblos los mataron. Las mujeres, viéndose desterradas e viudas, tomaron armas, e primero defendiendo su tierra e haciendo guerra, osaron, por maravilloso ejemplo de todos los tiempos, hacer su república sin maridos; desechando los vecinos, por no se casar, porque no sería llamado matrimonio, sino servitud, e así se regían, despreciándose de tener marido. E a tal que no paresciese que la una tenía ventaja a la otra, mataron a aquellos que habían quedado en casa, e hicieron venganza de los muertos maridos con la muerte de los vivos. Después, por fuerza habida la paz, a tal que no faltase su generación, comenzaron a lujuriar con los vecinos, e si nascían algunos hijos varones, matábanlos, e las hembras ejercitaban en sus costumbres, no teniéndolas en ocio ni en el arte de la lana ocupadas, sino en armas e en caballos e caza; e cuando eran pequeñas, quemábanles la teta derecha, a tal que no les diese estorbo al tirar con el arco, por lo cual las llamaron amazonas. Estas hobieron dos reinas, Marpesia e Lampedo, etc. Este fué el origen de las que amazonas se llamaron (segund más largamente lo escribe Justino en la Abreviación de Trogo Pornpeyo), e llegó su estado a ser muy grande.

Otra cosa me maravilla más que lo que es dicho, porque esas amazonas conservaban e aumentaban su república con haber ayuntamiento con hombres en ciertos tiempos; pero, república de hombres sin haber ayuntamiento con mujeres, e vivir castamente, e turar e ser siempre mayor su pueblo, esto es de mucha más admiración; y sabido el caso es muy posible, segund Plinio lo escribe, el cual dice, hablando del lago Apháltide, desta manera: "En la ribera del Poniente está la gente de los esenios, los cuales huyeron en todo de los malos. Es gente en todo el mundo maravillosa; viven sin mujeres e sin alguna libídine, sin pecunia. No vienen a menos, porque de tiempo en tiempo van a vivir con aquestos aquellos que, cansados por la adversa fortuna, siguen las costumbres de aquéllos; por lo cual ha muchos siglos que tura aquella gente, entre la cual ninguno nasce. ¡Tanto les es fértil a ellos el tedio o enojo de la vida de los otros!" Todo es del auctor alegado.

Al propósito de lo que está dicho en ambas particularidades, diré, cuanto a los depósitos que ofrescí de suso, dos notables memorias de mujeres. Y es la primera, que, andando el gobernador Jerónimo Dortal en la Tierra Firme, hallaron él e los españoles, en muchas partes, pueblos donde las mujeres son reinas o cacicas e señoras absolutas, e mandan e gobiernan, e no sus maridos, aunque los tengan; y en especial una, llamada Orocomay, que la obedescen más de treinta leguas en torno de su pueblo, e fué muy amiga de los cristianos. E no se servía sino de mujeres, y en su pueblo e conversación no vivían hombres, salvo los que ella mandaba llamar para mandarles alguna cosa o enviarlos a la guerra, como más largamente se dirá en el libro XXIV, capítulo X.

Cuando el capitán Nuño de Guzmán e su gente conquistaban la Nueva Galicia, tovieron nueva de una población de mujeres, e luego nuestros españoles las comenzaron a llamar amazonas. Anticipóse un capitán, llamado Cristóbal de Oñate, a suplicar al capitán Nuño de Guzmán, su general, que le hiciese merced de aquella empresa e pacificación de aquellas amazonas; e el general se lo concedió, e fué con su capitanía en busca dellas, e en un pueblo en el camino fué muy mal herido e otros españoles descalabrados de ciertos indios que les salieron al encuentro, a causa de lo cual, este capitán y los que con él iban no pasaron adelante. E llegado allí él general, pidióle la empresa el maestre de campo, llamado el capitán Gonzalo López, para ir al pueblo de las mujeres, e otorgóselo. E quiso después el mismo general ver estas mujeres, e llegados allá sin resistencia, entraron, con su grado, en el pueblo do viven, llamado de Ciguatán (llámanle así porque en aquella lengua desa provincia quiere decir Ciguatán pueblo de mujeres), e a los españoles diéronles muy bien de comer e todo lo nescesario de lo que tenían. Aquella república es de mill casas e muy bien ordenada; e súpose, dellas mismas, que los mancebos de la comarca vienen a su cibdad cuatro meses del año a dormir con ellas, e aquel tiempo se casan con ellos de prestado e no por más tiempo, sin ocuparse en más de las servir e contentar en lo que ellas les mandan que hagan de día en el pueblo o en el campo; e las noches, dánles sus proprias personas e camas; en el cual tiempo cultivan e siembran la tierra de maizales y legumbres, e lo cogen e lo ponen en las casas donde han seído hospedados. E complido el tiempo que es dicho, ellos todos se van e vuelven a sus tierras donde son naturales. Y si quedan esas mujeres preñadas, después que han parido envían los hijos a sus padres, para que los críen o hagan dellos lo que quisieren; e si paren hijas, retiénenlas consigo, e criánlas para aumentación de su república. Tienen turquesas e esmeraldas en cantidad e muy buenas. Pero el proprio nombre no es Ciguatán de aquella cibdad, como de suso se dijo, sino Ciguatlam, que quiere decir pueblo de mujeres. De las otras sus particularidades se dirá más por extenso en el libro XXXIV, capítulo VIII.

Yo me quise después, en España, informar del mismo Nuño de Guzmán, cerca desto destas mujeres, porque es buen caballero y se le debe dar crédito; e me dijo que es burla, e que no son amazonas, aunque algunas cosas se decían déstas sobre sí; e que él pasó adelante e tornó por allí, e las halló casadas, e que lo tienen por vanidad. Digo yo que ya podría ser que, pues las halló casadas, fuese en el tiempo desos sus allegamientos; pero dejemos eso; e pasemos adelante...


(Fernández de Oviedo)

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